Premio Atenea 2015 en manos del poeta Omar Lara

Omar Lara

El poeta Omar Lara se adjudicó el Premio Atenea 2015, a la mejor Obra Literaria publicada entre 2012 y 2013, con su antología poética Cuerpo final.

Se presentaron al concurso 72 libros, muchos de ellos pertenecientes a autores connotados, pero el premio quedó por unanimidad en manos del poeta. Cuerpo final es una antología elaborada por el propio autor, que destaca por su sobriedad, en donde relucen conceptos como la ternura y la amistad, además del exilio.

OMAR LARA, Nueva Imperial, Chile, 1941. Autor de más de treinta libros de poesía, entre ellos Los Buenos días, Oh Buenas maneras, El viajero Imperfecto, La nueva frontera, Fuego de mayo, Islas flotantes, Papeles de Harek Ayun, Voces de Portocaliu, Nohualhue, Cuerpo Final. En co-autoría con Sebastián Burgos publicó Delta (México, 2006), Historias de Micutza (Lima, 2006) y Mirar la ciudad (Concepción, 2011).

Es traductor del rumano. Recientemente se editó en Madrid La piedra habla, antología de Lucian Blaga (Ed. Visor) y en México libros de Eugen Jebeleanu, Geo Bogza, Marin Sorescu y la antología 11 poetas rumanos contemporáneos.

Entre los numerosos premios recibidos mencionemos:

Premio de Poesía Casa de las Américas, La Habana, 1975

Beca de Creación John Guggenheim, 1983

Premio Regional de Artes Literarias Baldomero Lillo, Concepción, 2004

Premio Casa de América de Poesía Americana, Madrid, 2007

Premio Internacional de Poesía, Trieste, 2007

Premio Internacional de Traducción Ovidio, Bucarest, 2007

Premio Ceres de Artes Literarias, Concepción, 2012

Premio Internacional Rafael Alberti, La Habana/Andalucía, 2012

Premio Internacional Primavera Poética, Lima, 2014

Premio Paulus Bressensis, Encuentro Internacional de Poesía, México D.F., 2014

 

Lara es fundador del Grupo Trilce de Poesía y de la revista TRILCE (1964), que conduce hasta hoy.

En 1983 fundó en Madrid el sello editorial Literatura Americana Reunida (LAR), que actualmente tiene sede en nuestra ciudad. Reside en Concepción, Chile.

 

Tres poemas de Omar Lara:

 

TOQUE DE QUEDA

Quédate

Le dije

Y la toqué.

(De Voces de Portocaliu, 2003)

 

CÓMO SE HACE UNA TARDE

Éramos dos libélulas en torno al dulce vino

Éramos dos libélulas en la tarde quietísima

Volábamos

Volábamos

Enredadas las alas

En la música antigua

 

Yo contaba tu sueño

Ese que me soñaste

Ese sueño de mí construyéndome en ti

Volaba el vino antiguo y yo lo trasegaba

En la boca de quién   en el aire de quién

 

Éramos dos libélulas trastornadas y ciegas

Mientras la tarde armaba su pedestal ubérrimo

Su escalera   su trino   su nostalgia   su plan

Su secreta artimaña

 

La tarde nos hacía a su amaño y su gracia

Nos besó y nos bendijo

Nos tomó de la mano nos condujo nos hizo

Brevemente tan sabios como esas dos libélulas

Que demoran su vino en la tarde estancada.

(De La Nueva Frontera, 2007)

 

LAS HORAS DEL LOBO

Difusos habitantes escudriñan

Nada

mueven los labios en un idioma que casi olvidé

aunque sé que estás aquí

al alcance de mi voz

a menos de un millón de kilómetros de distancia

debajo de tu blusa de lana

debajo de tu blusa de lana

caliente y hermosa.

Si todas las mujeres tiemblan bajo una blusa de lana

tibias en sus porosidades

si todas tiemblan

feas y lindas

qué puedo decir de ti

que eres mía y te amo

aunque no existas.

He vivido tantos años lejos de ti

rodeado de tu ausencia como una

isla

en las viejas casa de madera

en la tierra que no pisamos juntos

en la hierba en que no nos tendimos a mirar

las estrellas

he vivido tantos años lejos de ti.

Pero qué habría hecho sin tu ausencia todos estos años

qué habría sido de mí

hubiera podido incluso ser feliz.

 

Debo apresurarme,

se me hinchan las piernas

tú sabes

y en el cuerpo me aparecen unas fantásticas

placas aureoladas.

 

Me pregunto si llegaré a tiempo a tu cuerpo

tu cuerpo que se contrae con mi jugo de limón

debo apresurarme.

Debo apresurarme a pensar que debo apresurarme.

 

Tú que eres razonablemente feliz

¿has pensado en lo que nos espera?

Hay lugares que son sólo nombres

y otros

son sólo recuerdos

y nosotros buitres de los recuerdos.

He ahí esos despojos

un gesto

una sonrisa

el paso del tren frente al suave lomaje

un furtivo paseo por el pueblo natal después de tantos

años.

Algo queda.

No es un festín

los huesos están roídos

casi pulverizados

pero puedes buscar bajo las piedras

o lamer el polvillo.

 

Mas hay amor mío

lugares y destinos que parecieran estar

al otro lado del mapa

invisibles pero ciertos

con tranquilos crepúsculos

y en la distancia

cuerpos que se deshacen en dirección al sol

mientras salan sus piernas en la espuma.

 

Habremos envejecido junto a un cenicero repleto de

colillas

mirando algún retrato ya sin rostro

amarillo

y algún otro tesoro rescatado del tiempo.

Tú que podrías haber sido razonablemente

Feliz.

(De Islas flotantes, 1980)