ENRIQUE MOLINA GARMENDIA OBRAS COMPLETAS VOL. 5

Extracto de la presentación del libro

Si se analiza la vida de Enrique Molina Garmendia desde una perspectiva general uno se da cuenta que se enfrenta a una personalidad multifacética y, al mismo tiempo, muy compleja. No se puede ser simplista al definir su contribución a la cultura nacional en un solo concepto; son muchos los meandros  en que discurre  su pensamiento que, dicho sea de paso, nunca está del todo divorciado con la acción. Talentos tuvo de sobra y, lo que es más sorprendente, es que los supo aprovechar casi todos según el contexto social e histórico en que discurrió su biografía, circunstancia que pocos chilenos pueden decir lo mismo a pesar de sus esfuerzos y buenas intenciones, Hay etapas en la vida de Molina que están muy marcadas. Desde su juventud, en plena etapa de formación, aparecen elementos que se combinan para construir una mentalidad psicológica  y social, segura y definida, que se irá acerando así vayan pasando los años. El medio en que vive, las experiencias que le asolan y las influencias que recibe, van plasmando una personalidad y proyecto de vida, no solamente personal, sino claramente social. Por eso que se embarca en aventuras cada vez más amplias, proyectadas hacia un fin país o nacionalidad que incluye el destino de todos los que componen la nación chilena.  Su carácter, acrisolado en el ejercicio de la meditación pura y la acción ciudadana, le exigirá pensar en grande, privilegio que pocos tienen la responsabilidad de llevar adelante. No le abaten los desconciertos del diario vivir, ni tampoco las míseras contrariedades de las debilidades humanas que insisten en disminuir su empuje. Saca de ellos, con la elegancia de un perfecto caballero racionalista, las buenas enseñanzas para proyectar sus ideales hacia adelante con el claro convencimiento que su quehacer se apoya en sólidos valores éticos que avizora un porvenir mejor para quienes está trabajando. En su mente vislumbra el buen fin para sus alumnos, para sus colegas, para los ciudadanos, y por eso está convencido, en la mayor parte de sus afanes, que tiene la razón y que la lógica está de su parte.

Es una persona que se va haciendo poco a poco; al comienzo casi ignorante de la valía de sí mismo, de sus fuerzas espirituales y física con que cuenta. Posee, sin embargo, una tremenda convicción y disciplina por invertir su capital espiritual para mejorar en la fragua del aprendizaje todas sus potencialidades con el propósito de pulir cualquier intersticio de ignorancia que pueda asecharle. La mayor parte de su vida la invirtió en escudriñar lo desconocido. Y lo hacía a través de una rutina rigurosa que nunca dejó de lado: cada día leía, escribía, traducía, conversaba, escuchaba, planificaba, actuaba, enseñaba. Fue un explorador empedernido en el campo de la cultura. Devino pues, en un perfecto enciclopédico, lo que podríamos resumir en una expresión tal vez añeja pero perfectamente entendible: fue un hombre sabio. Es esta la más genuina expresión que abunda en el recuerdo y la opinión de aquellos que le conocieron personalmente, los de su tiempo.

En este volumen de sus Obras Completas encontramos perfectamente este entramado de sus complejidad espiritual. Nosotros hemos realizado una sugerente compilación de su pensamiento escrito para darle una cierta unidad de cada una de sus búsquedas de la verdad.

Miguel Da Costa Leiva.