El Copihue, la flor nacional de Chile

ROBERTO RODRÍGUEZ, ERIC CHAIT.

Prólogo

Aunque siempre ha sido considerado el copihue la flor nacional, solo desde el 24 de febrero de 1977 fue declarado como tal con el correspondiente decreto. Se lo encuentra desde la zona central al sur de Chile y en Elicura lo vi cubriendo en pleno los matorrales del cerro la Virgen, en un otoño de hace años. Igualmente, como puede ascender sobre arbustos, lo hace sobre los grandes árboles nativos, probablemente maquis y boldos en lugares húmedos de nuestras montañas. Es una gloria ver los copihues cuando recorremos la cordillera de Nahuelbuta, en donde crece trepador con hojas en forma de corazón y flores como campana por sus pétalos grandes y carnosos, con estambres amarillos como si fuera el badajo, destacando sobre los verdes y sus matices.

Rojos, rosados y blancos pueden cultivarse en esos y otros colores en las copihueras del molino Grollmus en Contulmo, en otros viveros o en el Vergel de Angol. Es difícil reproducirlo y las plantitas recogidas de las quebradas escasamente fructificarán. Por lo mismo es una especie protegida porque ha sido depredada al armas esos espesos ramos que se venden en las estaciones de trenes o se ofrecen en las carreteras.

Crece solo en Chile y se tarda por lo menos unos diez años en florecer, produciendo frutos comestibles, bayas llenas de semillas y agradable sabor dulce. Perenne, de tallos retorcidos como enredadera muy resistente, lo que permite ensayar artesanías con ellos, canastillos, tal vez pájaros o animalitos trenzados. Según la medicina popular, sus raíces tienen usos variados y se dice que entre los mapuches existen leyendas surgidas del colorido rojo que se le equipara con el de la sangre vertida en las guerras por la tierra o la existencia.

Ignacio Verdugo Cavada (1887-1970), poeta penquista, motivado por su belleza y la apreciación amorosa del pueblo chileno, compuso una canción que es inspirada descripción, “Los copihues rojos”. Era cantada entre las décadas del 30 y del 40 por la soprano Ruth González y que la llevó a mayores alturas la cantante lírica Rayen Quitral (1916-1979), época en que también se hacía popular “La tranquera” y el “Ayayay” que difundían las victrolas en sus discos de 78 revoluciones:

“Soy una chispa de fuego/ que del bosque en los abrojos / abro mis pétalos rojos / en el nocturno sosiego. / Soy la flor que me despliego / junto a las rucas indianas; / la que al surgir las mañanas, / en mis noches soñolientas, / guardo en mis hojas sangrientas / las lágrimas araucanas”.

Al distinguirse en la naturaleza por su gracia y lindura ha sido razón para que hermosas fotografías suyas se encuentren en los stand de tarjetas postales y turismo, que tenga su lugar en la música con la canción de Verdugo Cavada. En la pintura ha sido representado por artistas nacionales, recordando en especial a Ricardo Anwandter que en Valdivia realizaba en sus primeros tiempos de pintor ramilletes colgantes de copihues y esas obras le permitían sortear las necesidades de su vida y las de su familia.

Iván Contreras R.
Profesor Emérito
Universidad de Concepción